|
|
El desfiladero de las Termópilas
El año 480 a. C. siete mil
griegos al mando del rey espartano Leónidas resistieron valerosamente en
el paso de las Termópilas el empuje del Ejército Persa mandado por
Jerjes, hijo de Darío.
Los griegos defendieron el paso de las Termópilas hasta que Efialtés, un
campesino traidor, mostró a los persas un sendero que conducía al otro
lado del desfiladero. Cuando Leónidas advirtió que iba a ser rodeado
retiró al grueso de sus fuerzas y se quedó sólo con 700 tespianos, 300
tebanos y 300 espartanos. Los tebanos se rindieron, pero tespianos y
espartanos lucharon hasta la muerte. En el lugar de la batalla se levantó
un monumento con la siguiente inscripción: «Caminante ve a decir a
Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes».

ANTECEDENTES.-
El 13 de septiembre de 490 a. C. los atenienses, apoyados por la ciudad vecina de Platea habían derrotado a los persas
de Darío I en la batalla de Maratón.
Darío I muere el 486 a. C. y le sucede su hijo Jerjes que se propone incorporar Grecia a
su Imperio. Los griegos se preparan para la nueva guerra. En Atenas,
el arconte Temístocles,
consulta al oráculo de Delfos que responde de manera enigmática: «confiad en las
murallas de madera». Temístocles interpreta el oráculo como que los dioses están
ordenando que los atenienses construyan una poderosa flota, precisamente lo que él
recomendaba. Atenas construye 200 naves de guerra y fortifica el
puerto de el Pireo. Una treintena de ciudades griegas
fundan el año 481 a. C. la «Liga de Corinto», denominada así porque su sede estaba en
Corinto.
A principios de abril del año 480 a. C., Jerjes pone en marcha un
poderoso ejército
de 250.000 hombres contra Grecia. En mayo cruza el estrecho de los Dardanelos
(Helesponto) mediante dos puentes construidos con barcas de madera. Una flota de 700 barcos,
aprovisiona al ejército desde el mar. En el mes de julio el ejército
de Jerjes atraviesa
Tracia y Macedonia, reinos vasallos de los persas.
La Liga de Corinto estudia dónde parar al ejército persa y decide plantear batalla en
lugares fáciles de defender. Por tierra, en el desfiladero de las Termópilas. Por mar, a la
misma altura, en el cabo Artemisio, al noroeste de la isla de Eubea.
La guerra en tierra se presuponía perdida, dado el tamaño del ejército persa por lo que
los generales (estrategos) helenos pretendían derrotar la flota persa para conseguir el
dominio del mar y cortar el suministro del ejército persa que se vería obligado a retirarse.
La flota helena contaba con 270 barcos, 200 atenienses, y se preparó para la
batalla naval en el estrecho situado entre la isla de Eubea y el continente, donde la
enorme flota persa no podría maniobrar.
El ejército persa estaba obligado a moverse cerca del mar, para que la flota pudiera
aprovisionarle. El desfiladero de las Termópilas era el paso obligado a la Grecia
Central. El paso tenía entonces apenas 20 metros de anchura,
posteriormente el río Esperqueo lo ha ampliado hasta una anchura de unos 1,5- 5
kilómetros. En ese reducido espacio, el
ejército persa no podría desplegar su ejército y su caballería no sería efectiva. Allí se
apostaron 7.000 soldados griegos al mando del rey espartano
Leónidas con la misión de detener a
los persas el mayor tiempo posible.
Se reforzó una fortaleza «el muro focense», parcialmente en ruinas, para facilitar la
defensa del lugar.
Jerjes trató de rodear la flota griega, a la que no podía atacar en el
estrecho lugar donde fondeaba. Una tormenta destruyó 150 de sus naves. Ante
tal contrariedad, decidió forzar el paso terrestre. El ejército
persa llegó a las Termópilas el 20 de
agosto de 480 a. C.
EL DESENLACE.-
Leónidas y sus hombres resistieron durante dos días, causando graves daños a los
persas. La batalla naval de Artemisio estaba en una situación indecisa. Cuando
la flota griega recibió la noticia de la muerte de los defensores de las Termópilas y del avance del ejército persa hacia el sur,
partió hacia las costas del Ática. En septiembre de 480 a. C. el
ejército de Jerjes avanzó sin oposición y destruyó Atenas, cuyos
habitantes habían sido evacuados a la isla de Salamina. Los restos de
la flota griega, unas 180 naves, se apostaron en el estrecho de Salamina. Temístocles fingió
una retirada y atrajo las naves de Jerjes hacia el estrecho donde la pericia ateniense y
la maniobrabilidad de sus naves infligieron una fuerte derrota a la armada persa, unos
400 barcos, que tuvo que retirarse.
Un año más tarde los griegos sorprendieron a la flota persa en Micala
(20 de agosto de 479 a. C.), varada y
desguarnecida y la destruyeron. Ese mismo día el ejército persa al mando de Mardonio, cuñado de Jerjes,
fue derrotado en la batalla de Platea.
La guerra continuó treinta años más, pero el dominio del mar fue
decisivo. En el 477 a.C. se creó la
«Liga de Delos» entre Atenas y las ciudades-estado de las islas del mar Egeo y
de la costa de Asia Menor. En el 467, en la desembocadura del
río Eurimedonte (Panfilia, sur de Asia Menor) las
fuerzas de la Liga de Delos inflingieron, por mar y por tierra, una doble derrota a los
persas.
En el 449, tras la conquista de la mayor parte de Chipre se negoció la paz entre persas y
griegos, acordando que los persas dejarían libre el mar Egeo y las costas de Asia
Menor, mientras que los griegos deberían renunciar a intervenir en Egipto y Chipre.
|


SEÑOR
ACORDAOS DE LOS ATENIENSES.-
En el 500-499 a. C las colonias griegas de la costa occidental de Asia Menor se habían sublevado contra el dominio persa, ayudados por los atenienses.
El 495 a. C. Darío I, rey de los persas, sofoca la revuelta, arrasa Mileto y decide castigar a los que habían ayudado a los rebeldes. Según la leyenda, cada vez que
se sentaba a la mesa, uno de sus servidores debía decirle tres veces al oído
«¡Señor, acordaos de los atenienses!».

|